Hora Azul

Empiezan las vacaciones escolares de invierno. ¡Llega la Navidad! Muchas personas tendrán mucho que celebrar. Estos días son de alegría, pero también de nostalgia, de echar de menos a las personas que no están... pero la vida sigue, y estamos rodeados de personas queridas de las que hay que disfrutar.

Días para estar en familia, días para aprovechar que l@s niñ@s no tienen clase para estar más tiempo junt@s, para salir a patinar sobre hielo, a esquiar en la nieve, a tomar chocolate calentito y a ¡contar cuentos! En Ludo y Sofía solemos contar una historia en los cumples que suele gustar bastante, l@s niñ@s participan y el momento mágico llega con pompas de jabón, purpurina brillanteee y pañuelos que hacen cosquillas... Hoy la compartimos para que la puedas contar en casa en uno de esos días que apetezca quedarse abrigad@ del frío:

"Esta historia que os voy a contar empezó en la cuidad muy entrada la noche, a altas horas de la madrugada. Todo el mundo dormía, todos los niños y niñas soñaban tranquilamente en sus camas.

En el bosque muchos animales también dormían, pero no todos, algunos, los llamados animales nocturnos, eran los guardianes de la noche, permanecían despiertos cuidando de que todo estuviera en orden. Se podía oír al búho, “buuh-buuh” o el “cri-cri” del grillo. Otros animalillos correteaban silenciosos.

Entonces, asomó en el horizonte el primer rayo de sol. En cuanto lo vieron, los animales nocturnos supieron que había llegado el momento de descansar y se fueron enseguida a dormir. Pero era una luz tenue, los animalillos diurnos aún dormían; en la ciudad tampoco nadie se había percatado de aquel destello de sol. Así fue como ocurrió la Hora Azul, hora que en realidad dura tan solo un segundo, un pequeño instante llegado gracias al mágico rayo de sol. Es un momento en que todos los animales duermen, tooodooo el mundo duerme. Los animalillos de la noche acaban de empezar sus sueños y los del día todavía están soñando. Si alguien despierta en ese preciso momento podrá presenciar la Hora Azul, prestando mucha atención solo podrá oír un silencio mágico, interrumpido nada más que en esos sueños que, por ese instante, todo lo ocupan, flotando, volando entre los durmientes de un lado a otro… dulces y bellos sueños…

Después aparecen los siguientes rayos de sol, iluminando las ramas de los árboles donde duermen pajarillos en sus nidos; estos se van despertando y con su cantar alegre despiertan a los demás animales. Algunos son muy perezosos y no quieren abrir los ojos, así que el viento empieza a soplar suavemente, hace cosquillas, por lo que los animalillos despiertan contentos.

Las ramas de los árboles son balanceadas por el viento, de forma que se mecen los animales nocturnos, durmiendo más profundamente, y se columpian los animalillos diurnos, jugando alegremente.

El viento empuja también las blancas nubes, que al llegar a la ciudad dejan caer algunas gotas de agua para despertar también a las florecillas de los parques. Empieza a llover muy despacito y luego un poquito más fuerte. Las gotas de agua golpean sobre los cristales de las ventanas despertando a las personas que aún siguen durmiendo…

Pero de pronto … “¡¡¡ BRUUUUMMM!!!”, se oye un gran estruendo y ¡¡¡CHAS!!!, una luz cegadora ilumina todo por menos de un segundo. ¡Vaya susto! ¡BRUUUMM-CHAS!!!, ¡otra vez!... ¡¡¡BRUUUMM-CHAS!!!, ¡y otra!, esto empieza a dar miedo. Del susto las nubes se han quedado grises y hacen que llueva muy fuerte; el viento sopla tan fuerte que las ha agolpado ocultando el sol, sopla tan fuerte que los árboles se balancean mucho despertando, incluso, a los seres nocturnos. Todos están asustados y se esconden, también los niños en la ciudad.

Se vuelve a oír un trueno y se ve de nuevo un relámpago. Al cabo de un rato otra vez, pero bajito, están muy lejos. Más tarde hay que prestar mucha atención para notarlo. Y por fin vuelve la calma, de nuevo sale el sol, duermen los animales nocturnos y los demás salen de sus escondrijos. Los pajarillos vuelven a cantar y los niños y niñas salen a jugar con sus botas de agua, pisando los charcos.

Sigue transcurriendo el día, y por fin vuelve la noche. Con el anochecer se empiezan a despertar los primeros animales nocturnos y se duermen los más madrugadores animales diurnos. Por un ratito están juntos algunos seres de la noche con otros del día, hasta que todos los diurnos empiezan a soñar y los guardianes de la noche ocupan su lugar.

De noche no hay Hora Azul, esta solo llega con el alba, con el primer haz de luz solar, o tal vez con el segundo."

Feliz Navidad


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