Carnaval, Carnaval

¿Hacemos el disfraz en casa o lo compramos ya hecho en una tienda especializada? ¿o en un bazar, que sale más económico? La decisión parece fácil de tomar, pero a veces se complica cuando hay sentimientos negativos de por medio: "el disfraz de mi niñ@ debería hacérselo yo, como me lo hicieron en casa en mi infancia... pero es que no tengo tiempo", y entonces viene el cargo de conciencia por el poco tiempo que les dedicamos a nuestr@s peques.

Recuerdo que cuando mis tres eran chiquitaj@s, cada año teníamos pasacalles en el distrito y además había un concurso de disfraces en el que participaban muchísimas personas, ya no por el premio, sino por desfilar delante del vecindario y por participar en una actividad tan divertida de la comunidad. Por aquel entonces yo estudiaba y trabajaba, además de compartir con mi marido las tareas domésticas y de cuidado de nuestr@s hij@s. No me quedaba mucho tiempo para mí, pero de alguna parte sacaba suficiente para hacer unos disfraces a mis peques, y la abuela materna también colaboraba en ocasiones en la confección de los trajecillos (algunos de ellos se disfrutan ahora en Ludo y Sofía). Pero casi nunca podía acompañar a mis peques en el pasacalles porque casi siempre me tocaba trabajar el día del "Entierro de la Sardina", así que nos dividíamos el trabajo: yo elaboraba los disfraces y mi marido se apañaba también un disfraz y los acompañaba a la fiesta.

Pero un año decidimos hacer juntos los disfraces papá y mamá con ayuda de nuestros tres: la mayor quería ser una pirata, así que con una camisa vieja de su padre, un pantalón de chandal, hilo y aguja, cartón, cinta aislante y poco más, le hicimos su disfraz; el mediano quería ser un astronauta con el traje plateado, así que con una manta térmica, cartón, goma eva, un balón de playa, macarrón y poco más, le hicimos su disfraz; la pequeña quería ser una sirenita en el mar, así que con trozos de tela, cinta, un bikini, cartón y poco más, le hicimos su disfraz... Cuando llegó la hora del desfile en el concurso, la mayor hizo su pase muy nerviosa, el mediano hizo su pase muy orgulloso y la pequeña prefirió corretear con un perrito vecino a tener que mostrar su disfraz a nadie... yo llegué de trabajar como siempre, al fin de fiesta, para ver junt@s los fuegos artificiales, esta vez junto a mi niño que sostenía orgulloso en una mano su casco de astronauta y en la otra su trofeo ganador.

El trofeo sigue en casa en una vitrina, ya no por aquel premio, sino porque nos recuerda los buenos ratos pasados pensando ideas de disfraces, buscando ideas de cómo hacerlos, confeccionándolos entre risas... le robábamos un ratito a la tele, o le robábamos un ratito a la colada y ganamos un bello recuerdo para siempre.

Otros años ya no pudo ser, los disfraces tuvieron que ser del bazar porque el horario de trabajo era incompatible con nada más. Pero sin cargo de conciencia, apartando la pena y la culpa, enterrándolos con la sardina y disfrutando de ver a l@s peques reír.

Feliz Carnaval


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