La familia de Sofía

Hoy os hablamos de la familia de nuestro personaje femenino, una familia muy pequeñita, compuesta solo por dos personas, aunque antes eran tres. Sofía recuerda vagamente que cuando era muy, muy pequeña, vivía con su padre y con su madre. Pero una noche una ambulancia se llevó a su padre al hospital y jamás volvió.

Nunca han tenido más familia cerca. Sofía recuerda haber visto en persona tan solo una vez a su abuelo y a su abuela (los padres de su madre), habla con ellos por ‘Skype’ casi todos los días, pero viven muy, muy lejos, a largas horas de viaje en avión. Así que siempre ha tenido a su madre nada más que para ella, salvo en algunas reuniones con algunas amistades.

Se quedó sola con su madre en la ciudad, en un pisito de un gran edificio residencial donde solo conocía al portero. Sofía antes siempre estaba con su padre, con su madre o con los dos. Hacían muchas cosas divertidas juntos los tres. Sofía aún las recuerda porque cuando faltó su padre no cesaba de ver vídeos de él, montando en casa el árbol de Navidad, jugando a "cucú-tras" detrás del sofá, de paseo por el parque, celebrando los tres juntos el primer cumpleaños de Sofía...

Tras la partida de su padre, su madre estaba siempre triste, débil, incluso enferma. El portero pasaba a menudo por casa para ver qué tal se encontraban, a veces, en su pausa del mediodía subía a comer con ellas para recordar a la madre de Sofía que debía tomar algo. Y cuando terminaba por las tardes su jornada laboral, con frecuencia iba a buscarlas y a regañadientes lograba que su madre saliera a la calle y las acompañaba al parque. Era un buen amigo, pero Sofía y su madre necesitaban a su padre. Se le hizo muy difícil aprender a vivir sin él y no entendía por qué no podía volver.

Después se trasladaron a Aldea Mambullita. Allí las recibieron tod@s con los brazos abiertos. Su madre dijo que era como si de pronto tuvieran una gran familia. Sofía la vio reír como hacía mucho tiempo que no lo hacía, así que no dijo nada, pero tanta gente a su alrededor la agobió bastante. Fue otro cambio difícil en la vida de Sofía: de vivir en una gran ciudad pasaron a vivir en una pequeña aldea, una gran ciudad en la que vivía muchísima gente, pero donde nadie se conocía, todo el mundo iba de acá para allá mirando al suelo, mirando el reloj, mirando el móvil, sin embargo, en esa pequeña aldea había poquita gente, todo el mundo se conocía, andaban de acá para allá despacio, se miraban a los ojos al cruzarse con alguien y se saludaban, siempre cruzaban alguna palabra, incluso si ya se habían visto varias veces, a menudo hasta se paraban a charlar un rato.

Para Sofía aquello era extraño. En la ciudad cerraban la puerta de casa con llave y su madre le recordaba cada día que no debía hablar con desconocidos, pero en Aldea Mambullita nadie cerraba las puertas de las casas y todo el mundo hablaba con todo el mundo. Poco a poco fueron confiando y dejando la puerta abierta, así la pequeña vecina de al lado se atrevió a entrar y con el tiempo se convirtió en la mejor amiga de Sofía, aunque Sofía no tenía herman@s, estaba segura de que aquella niña era como su hermana de Aldea Mambullita.

Pero no solo encontró a una hermana en esa aldea, entre tod@s l@s habitantes del lugar tenían buen vínculo, así Sofía encontró un@s abuel@s, tíos y tías y muchas más personas que la quieren.


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